La historia del cartelismo malagueño tal y como hoy lo conocemos se remonta a finales del siglo XIX para las fiestas de verano del año 1887.  Esta primera época de los carteles anunciadores de eventos tiene un nombre propio Joaquín Martínez de la Vega.

Martínez de la Vega fue el primer cartelista de las fiestas de verano que se celebraron aquél año desde el 19 al 30 de agosto con motivo del IV Centenario de la conquista de la ciudad. En este cartel puede observarse un águila, con los escudos de España y Málaga, un arco de herradura donde se puede observar la playa y La Farola del puerto.

El siguiente cartel de Martínez de la Vega sería en el año 1892 donde se representa la figura de Hamet el Zegrí. Este personaje fue el último alcalde moro de Ronda antes de la conquista por parte de los Reyes Católicos, posteriormente partió a Loja en su intento de frenar las tropas cristianas y, una vez caída ésta, luchó valeroso en defensa de la Málaga musulmana.

Sabiendo su historia es curioso conocer que fué el protagonista de las fiestas que celebraban la conquista de la ciudad por el bando cristiano.  A parte de verse a este gran luchador bordeado de detalles cerámicos, podría verse letras árabes y una vista de Málaga.

El tercer cartel de este artista sería el denominado ‘Victoria,  noche de Málaga’ donde se representa a uno de los elementos más característicos de la cartelería de las fiestas de Málaga: La mujer malagueña.  En este cartel se puede ver de nuevo La Farola como elemento singular de la ciudad de Málaga en las fiestas de agosto.  Este cartel fue del año 1894.

El último cartel que traemos hoy es, quizás, el más polémico. Es el de 1895,  donde se le vuelve a encargar al mismo pintor el mismo trabajo. En este caso, el autor da único protagonismo a una figura femenina; Carmen.

Cuando en el Salón del Ayuntamiento se descubrió por parte de la Junta de Festejos el lienzo que iba a dar a conocer las fiestas de la ciudad, un murmullo se propagó entre autoridades y público. Todos ellos reconocieron a Carmen, una prostituta de la cual Martínez de la Vega se había enamorado. Ésta aparece con un gran abanico y un vestido típico de la época junto con la frase ‘Carmen, la más fea de mi tierra’ a modo de guiño cariñoso por parte del artista.

El artista pagó bien cara su pasión por Carmen ya que no sólo el cartel fue criticado por gran parte de la sociedad malagueña sino que, además, contrajo una de las peores lacras de fin de siglo: la sífilis.

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